Simplificando el comportamiento complejo de una persona, podríamos decir que es igual a la fuerza de la necesidad menos la fuerza de la inhibición. O dicho de otra forma, para que finalmente una persona vaya o no a comprar una chocolatina a las dos de la madrugada a una tienda “24 horas”, dependerá del grado de intensidad del antojo (motivación), y de la pereza que le dé vestirse e ir a por ello (inhibición).
Cuando se exige que los demás se comporten de acuerdo a nuestras reglas, topamos con personas con historias personales muy diferentes a las nuestras. Es fácil que no estén de acuerdo con nuestras normas, y por lo tanto imponernos, puede ser un ejercicio inútil. Es posible que consigamos más, intentando aumentar la motivación y disminuyendo al máximo la inhibición que con cualquier otro método.
Según cómo evaluemos el comportamiento de los demás, podremos llegar a sentirnos. Pongamos que necesitamos que nuestro hijo vaya a por una barra de pan y éste se niega. Podemos, por supuesto, enfadarnos con él e incluso sentirnos realmente mal. Quizás habría que valorar también, que el grado de necesidad no justifica el cumplimiento de nuestros deseos. Es mucho más útil considerar qué le impide ir y si tiene algún tipo de motivación para hacerlo. De esta forma eliminamos nuestro malestar y es posible que consigamos que finalmente vaya. Realmente la lista de lo que uno tiene derecho es interminable. Es mejor rechazar el concepto y buscar las razones por las que los demás no ven las cosas como nosotros mismos.
Frases como: "Si me quisieras volverías antes", "Si me quisieras me ayudarías con esto". "Si fueras un verdadero amigo, te interesarías por mis problemas". Resumen otra idea que produce a la larga malestar y ansiedad. Cabría plantear: ¿es posible amar o cuidar a alguien y seguir sin satisfacer sus necesidades?. Las frases condicionales anteriores probablemente harán que la otra persona se sienta mal. Pero a largo plazo no estás reforzando que hagan lo que quieres. Los alejas más.
Si se culpabiliza mucho, se comienza a pintar el mundo de blanco y negro: las personas son buenas o malas, justas o injustas. Se acaba por no ver matices de gris. De esta manera pueden pasar desapercibidos comportamientos positivos de una persona, y se gana muchos puntos para estar tenso y agobiado constantemente por los demás.
Todos tenemos la capacidad para poder ser felices, pero a veces eso implica bastante esfuerzo para no dejarse llevar por pensamientos negativistas y etiquetadores. Hay que valorar qué es más importante, enfadarnos para intentar cambiar a los demás o entender a los demás para intentar cambiar lo que nos parezca necesario.
Fernando Azor Lafarga
Director del centro |
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