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FORMAS DE AFRONTAR EL MIEDO

Las vivencias que tenemos sobre los acontecimientos cotidianos están especialmente determinadas por experiencias pasadas de peligro, de bienestar y sobre todo, del resultado alcanzado ante ellas. Muchas personas al vivir accidentes de tráfico o al ponerse en la situación de otros que los han sufrido, se sensibilizan ante la posibilidad de que pueda ocurrirles algo con facilidad. Las emociones, cuando son muy intensas, influyen sobre nuestra capacidad de razonamiento, por ejemplo, si estamos en una fiesta y nos estamos aburriendo, es muy sencillo empezar a sentir que somos aburridos. La sensación previa induce pensamientos compatibles con nuestro estado emocional.

Tomemos un miedo a modo ejemplo, supongamos que temo coger el coche para ir a Madrid y luego volver a Tres Cantos. El miedo está basado en que si hay que parar no hay a penas espacio para hacerlo en el arcén, además después de unos meses pensando en ello, cada vez las sensaciones físicas son más fuertes al volante, y parece más atemorizante esa posibilidad…


En este caso, la vivencia ansiógena, al ser bastante intensa, hace que sienta cada vez con mayor nitidez que acabaré teniendo que parar en la carretera. La realidad es que el malestar se deriva de la ansiedad anticipatoria No es más cierto que en la siguiente ocasión tenga que parar, pero subjetivamente sí lo es. Ahora añadamos un poco de evitación… si me decido a ir en transporte público o pido a algún amigo de confianza que me lleve, no tendré que afrontar el malestar, pero ¿Qué pasa, si por alguna razón no predecible, necesito coger el coche? La vivencia puede ser extremadamente intensa, e incluso puede que acabe teniendo una crisis de ansiedad. El método que vengo utilizando para frenar mi malestar no es posible, y por tanto me sentiría totalmente indefenso ante la amenaza. Al final las emociones creadas ante lo que puede pasar, son las que lo pueden convertir en realidad. No es la situación, es la anticipación.

Ante las sensaciones de ansiedad, inseguridad, miedo, preocupación… hay que entender que en muchas ocasiones nuestra capacidad para ser objetivos al analizar nuestra realidad se verá distorsionada, y por ello, es bueno que nos cuestionemos si lo que tememos es más probable cuanto más nos atemoriza, o en realidad este hecho no influye realmente en el resultado final (aun cuando lo parezca). La clave está en dejar más a menudo que sea nuestra experiencia, nuestra vivencia de los hechos la que determine si lo que tememos es muy probable o no. De esta forma, sólo nos defenderemos de amenazas tangibles y no de un mar de posibilidades. Obviamente esto no es fácil, sobre todo cuando nos hemos acostumbrado a defendernos siempre de toda amenaza para nosotros y los más cercanos, aun así intentarlo estoy seguro que aliviará gran tensión de la acumulada cada día y hará que la calidad de vida también aumente...

 

Fernando Azor Lafarga
Director del centro

 

 

 

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