Gripe A, Implicaciones Psicológicas
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Parece que este otoño/invierno la posibilidad de contagiarse por la gripe va a ser más elevada que en años anteriores, y además en esta ocasión el tipo de gripe es más agresivo y contagioso que de costumbre. A priori, dicen los expertos, no se trata de una enfermedad tan terrible como ha llegado a creerse en estos meses de propagación desde su detección. Argentina, país que está en pleno invierno y por tanto en pleno brote de gripe, no pasa según cifras oficiales de finales de agosto de 600 muertes por gripe A. Hay que recordar que en España mueren de gripe común unas 3.000 personas por año. |
En cualquier caso, hay que ser cautelosos y tomar medidas protectoras para no enfermar y para no contagiar a otros. Los médicos recomiendan: cubrirse la boca y la nariz al estornudar o al toser; lavarse las manos con frecuencia, no compartir objetos personales de higiene o aseo; evitar tocarse los ojos, la nariz o la boca; quedarse en casa cuando se esté enfermo o con síntomas; y mantener una buena higiene. Estos consejos son razonables y aparentemente eficaces, pero pueden tener diferentes efectos en función de quién los ponga en práctica. El miedo a un desenlace fatal, la muerte, puede intensificar la necesidad de garantizarnos que no nos vamos a contagiar y excedernos en las medidas. En especial las personas que sufran alguna enfermedad que pueda debilitarles y las mujeres embarazadas, tenderán a estar más sensibilizadas. Podemos ser demasiado exagerados con la limpieza de las manos, con el control sobre los objetos personales, estando muy pendientes de quién los ha tocado, de qué forma, de si el de delante ha estornudado, de si se ha tocado la nariz… para personas que ya de por si sienten una tendencia al control pueden precipitarse niveles de ansiedad innecesarios y quizás incluso bloqueantes.
Uno de los efectos del temor a padecer la enfermedad es que uno empiece a autoevaluarse continuamente, pudiendo generar con esta búsqueda de síntomas un estado de alerta que nos lleve a confundir una tos normal con un signo de gravedad.
Por otra parte si se confirman los temores de contagio masivo y de complicaciones graves para la salud, las recomendaciones pasarán a ser normas de obligado cumplimiento. De ser así, pautas como no dar la mano o no dar dos besos al saludar pueden producir incomodidad en las relaciones sociales cotidianas. Cada uno tendrá que elegir si está dispuesto a afrontar su porcentaje de riesgo a enfermar, y en función de eso valorar qué medidas le parecen más correctas. Cuanto más difundidas estén las pautas y más fácilmente se puedan llevar a cabo especialmente en lugares de uso público, con más normalidad la gente usará mascarilla para no contagiar a otros, o se lavarán las manos tras estar en contacto con otras personas…
Un peligro añadido es también el de la estigmatización: es fácil que si se sospecha que alguien pueda tener la gripe, se le aparte e incluso margine de determinados grupos. Aún siendo cierto que esté contagiado, el riesgo de presentar un elevado nivel de ansiedad puede estar en el aumento de la percepción de peligro: todos pueden parecer potenciales portadores, generando malestar, conflictos sociales, etc.
Por otro lado, el desconocimiento acerca de la enfermedad y las dudas que a día de hoy todavía existen, puede hacer que caigamos en estados de pánico. Es importante que a la hora de informarnos busquemos fuentes fiables y no se haga caso de la visión, en ocasiones catastrofista, de rumores entre conocidos y algunos medios de comunicación.
Como casi siempre la solución está en la moderación: protegerse sí, obsesionarse no. O lo que es lo mismo, tenemos cierto control sobre la posibilidad de contraer la enfermedad, pero no toda
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