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Maltrato en el hogar

Es evidente que este problema está suscitando gran alarma social en España. Los malos tratos acaban con demasiada frecuencia provocando secuelas, incluso la muerte, en las víctimas. En estas líneas vamos a intentar definir algo mejor las características psicológicas del maltratador y sus consecuencias sobre los maltratados.

Según los datos obtenidos en investigaciones recientes, el perfil del maltratador español es un hombre casado, con estudios primarios, con nivel socioeconómico de medio a bajo, con trabajo, habitualmente sin enfermedad mental y, frecuentemente, comenzó a maltratar durante el noviazgo.

Los maltratadores son, en general, excesivamente celosos, posesivos, se irritan con facilidad ante un límite, beben en exceso, culpan a otros de sus problemas, cambian bruscamente de humor, rompen cosas cuando se enfadan, tiene baja autoestima y pueden haber maltratado antes a otras mujeres.

Hay que entender que la Ira es una emoción necesaria para la vida, gracias  a ella podemos enfrentarnos a situaciones que nos dan miedo, conseguimos poner límites donde era muy difícil hacerlo, etc. Pero cuando se convierte en la forma habitual para afrontar frustraciones, fracasos, la persona comienza a reaccionar acaloradamente ante las dificultades. Un comportamiento irascible puede permitir desahogo e incluso sensación de control y dominio. Tener estereotipos sexuales machistas, percibir a la víctima como inferior (niños, mujeres y ancianos), facilitará la aparición de la agresividad. Si el agresor fomentara habilidades alternativas de comunicación es posible que consiguiera una manera diferente de expresión de sus frustraciones. De hecho los objetivos terapéuticos con estas personas pasan, en gran medida, por intentar mejorar este aspecto.

Las víctimas, por su parte, suelen recibir el maltrato con angustia extrema pero sin responder (ni violenta ni de ninguna otra forma) por miedo a que se vuelva a repetir la agresión. De esta forma, paradójicamente, acaban consiguiendo lo contrario. Las broncas se van haciendo cada vez más frecuentes y la sensación de control del agresor va siendo cada vez mayor y más satisfactoria, siendo más fácil justificar su comportamiento dentro de lo que él cree su derecho: “sólo de esta forma hace lo que deseo”, “ella es la que me provocó, ella es la que tiene que cambiar”... Dependiendo de la formación, de los recursos sociales de que disponga, de su escala de valores, la víctima podrá afrontar mejor o peor la situación: a menor apoyo y menos recursos, más difícil será que consiga finalizar con la agresión, por medio de límites o por medio de la separación del agresor. Asociaciones de mujeres maltratadas o psicólogos en general son los que en la mayor parte de los casos dan el apoyo suficiente como para poder acabar con las conductas agresivas de los agresores y/o con la victimización de los maltratados.

Las secuelas en las víctimas van desde  el miedo intenso ante la  amenaza de poder recibir daño, pasando por ansiedad generalizada, hasta una baja autoestima acompañada de tristeza. Los tratamientos van encaminados a fomentar las habilidades sociales, la mejora del autoconcepto, junto con un cambio en las actividades diarias.

 

 

Fernando Azor Lafarga
Director del centro


 

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