Es fácil que caigan en el error de creer que por plantear una situación que incomode a otros son ellos los que están siendo conflictivos, intolerantes, egoístas… Por eso suelen creer que si lo dejan correr un poco más el problema acabará cambiando, lo cual no tiene por qué ser cierto.
Por tanto estos dos tipos de actitud ante los conflictos tienen ventajas e inconvenientes. Los primeros son capaces de mostrar sus necesidades y defenderlas eficazmente, pero suelen desgastarse bastante al indignarse a menudo con los acontecimientos y personas que les rodean. Para ellos aprender a reducir la dureza con la que juzgan el mundo y a las personas, les ayudará a no verse indignados con frecuencia. De esta forma podrán expresar exactamente igual sus necesidades o malestares sin verse bloqueados por emociones como la ira, la rabia… En términos psicológicos hablamos de sustituir la agresión por la aserción. Es decir, comunicar a los demás nuestras necesidades y deseos sin usar como medio para que cambien la coacción. Los segundos, los que tienden a callar, utilizan una estrategia que se puede denominar sumisa, evitan expresar sentimientos que los demás pueden valorar como molestos, para ellos será fácil relacionarse y mantener amistades, aunque el pago que tendrá que realizar será el de quemarse por dentro o bien el de acabar saltando quedándose después con sentimientos de culpa por poder haberse excedido.
No es fácil para ninguno de los dos hacer cambios hacia la aserción, pero de cara a reducir los niveles subjetivos de malestar es un objetivo que será siempre beneficioso para ambos. En los próximos números intentaré dar algunas claves para manejar mejor los sentimientos que bloquean y poder expresar nuestras necesidades de forma adecuada.
Fernando Azor Lafarga
Director del centro |
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