Es fácil hacer demasiado por evitar que nos etiqueten, sobre todo en las pequeñas cosas, pero a la larga no convivir con las reprobaciones de los demás nos hace muy vulnerables a las críticas negativas. Para conseguir ser más capaces de afrontar los conflictos y sobre todo para no quemarnos demasiado con las conductas de los demás, es necesario que vayamos aprendiendo a convivir con ciertas dosis de malestar social derivado de situaciones cotidianas. Por ejemplo, si a uno le molesta que fumen al lado será bueno pedir si pueden cambiar de lado el cigarro, o si pueden apagarlo… como decía eso es imposible si uno no quiere afrontar haber parecido algo borde, intolerante, etc. Pero igual resulta más fácil no hacer nada por evitarlo que estar buscando maneras de no darle importancia (aunque sí la tenga). Esto no es fácil pero cuanto más se practica, más tolerable es lo que los demás piensen de uno. Cuando uno va avanzando en esto aparecen miedos relacionados con poder volverse egoísta, o que se pueda pasar demasiado de lo demás, pero como en todo el paso del tiempo acaba demostrando que lo único que pasa es que la opinión de otros vale, pero no tanto como antes, aumentando así la independencia y la seguridad en uno mismo.
No haber puesto en práctica hasta el momento estas pautas o no haber afrontado bien el conflicto no significa que no se pueda hacer, simplemente hay que familiarizarse con otras maneras de manejarse, lo importante es ponerlo a prueba y que sean los hechos quienes digan si merece la pena ir por este camino.
Fernando Azor Lafarga
Director del centro |
Para ver más artículos pincha aquí |