|
|
PRESIONES
EN EL TRABAJO
Por término medio pasamos, cuando menos, un tercio del día
trabajando y teniendo en cuenta que otro tercio lo podemos pasar
durmiendo, es mucho el tiempo que dedicamos a esta tarea. Según
sea el ambiente laboral que vivamos, es evidente que nos influirá
en el ánimo, en nuestra capacidad para disfrutar de otras
actividades externas, en la capacidad para resolver responsabilidades
familiares, etcétera.
En ocasiones
la forma de ser de los compañeros favorece el buen trato
y la comunicación, pero en otras la situación económica
de la empresa, las rencillas cotidianas, el despotismo de algunos
jefes... produce malestar y cronifica conflictos. Centrémonos
en un tipo de conflicto laboral bastante frecuente: el mobbing.
Este concepto hace alusión al acoso que en ocasiones una
persona se ve sometida en el ámbito laboral por parte de
compañeros y jefes. La estrategia consiste en intimidar al
compañero creando alrededor suyo vacío y desprecio,
así con el tiempo va llegando el desgaste psicológico
hasta poder acabar con el autodespido, que es el objetivo del acoso.
Entre las estrategias que se llevan a cabo para presionar a la víctima
está el desacreditar, recortar al máximo su ocupación
laboral, cortar la comunicación de la víctima con
el resto de su entorno, etc.
Las personas
que sufren habitualmente el mobbing, son trabajadores que
generan envidia, suelen ser a diferencia de lo que podría
intuirse, personas éticas, independientes, muy trabajadoras,
cooperativas, de vida personal y familiar satisfactoria. Normalmente
este tipo de acoso se da en empresas en las que no se suele echar
a los empleados, por ejemplo la administración o las instituciones
públicas, o cuando el despido implica una alta indemnización.
Dejar sin funciones o sin despacho a una persona que hasta ese momento
desempeñaba tareas relevantes, no es echarlo, pero abre las
puertas a aquellos que le tenían envidia, o se habían
callado durante años sus desacuerdos, facilitando el acoso.
Por supuesto
previamente a sufrir presiones laborales: gran cantidad de trabajo,
jefes exigentes, conflictos con compañeros, mobbing…
puede ya existir ansiedad, tristeza, depresión, pero en otros
casos estos problemas laborales pueden ser el principio del malestar
y acabar en serios problemas psicológicos.
A algunas
de las personas que sufren este tipo de acoso quizás no les
compense el malestar, pero otras muchas no pueden permitirse dejar
su trabajo. Siendo así la presión aumenta por no encontrar
ninguna salida. Esta situación puede durar años, es
en estos casos cuando la persona tiene que buscar soluciones a su
malestar fuera del trabajo. Si a parte del trabajo se tiene una
vida personal satisfactoria podremos compensar y relativizar la
presión.
A modo de
prevención podemos decir que para evitar caer en el mobbing
es recomendable realizar actividades fuera del trabajo, buscar apoyo
emocional en la familia y amigos, no caer en las provocaciones,
realizar ejercicio y buscar ayuda profesional si es necesario.
Fernando Azor Lafarga
Director del centro |
|
|