Existen diferentes estudios sobre cómo el mero hecho de recordar un acontecimiento traumático, como por ejemplo un incendio o un accidente, favorece cambios en nuestra actividad eléctrica, especialmente en aquellas zonas donde se localizan las emociones: la estrategia era sencilla, se comparaban dos grupos de personas que habían vivido acontecimientos traumáticos similares. A unos se les pedía que escribiesen frecuentemente sobre ello y a los otros nada. Se vio que el grupo que había recordado más el acontecimiento tenía mucha menos actividad eléctrica cerebral en las áreas implicadas con las emociones que el otro grupo. El sueño tiene un papel similar. Lo que ocurre es que si la intensidad de lo vivido es excesivamente elevada el mecanismo no da a basto y se produce una mala calidad en el sueño y una pobre elaboración de los hechos. En estos casos será más frecuente tener pesadillas. Éstas suelen tener como protagonistas a las personas y entonos más cercanos en el tiempo a las vivencias estresantes, pero en ocasiones podemos incluir viejos recuerdos con gente y ciudades que no corresponden a lo vivido actualmente. Esto es así porque lo que le interesa a nuestro cerebro es reproducir el valor emocional y para eso podemos introducir vivencias anteriores que nos sean equivalentes afectivamente. Por ejemplo, mi jefe es muy crítico con mi trabajo, me produce rabia e impotencia y por la noche sueño con mi padre, ya fallecido, cuando me echaba la broca por las notas del colegio pero en mi casa delante de mi marido y mis hijos. Algo absurdo fuera de un sueño pero útil según lo explicado. De esta manera habría que entender las pesadillas como un síntoma que nos indica el nivel de malestar que vamos acumulando a lo largo del día. Para tenerlas no es necesario sentirse superado por los problemas pero si aparecen de forma regular será porque nuestra vivencia cotidiana es más intensa de lo deseable
Así pues, la interpretación de los sueños es poco mágica, tiene más que ver con nuestros procesos mentales y nuestra manera de afrontar los acontecimientos que con premoniciones o dotes adivinatorias, ¡aunque cualquiera sabe!. En cualquier caso, el hecho de que nuestros mecanismos racionales estén frenados durante el sueño, nos da información sobre cómo sentimos o vivimos determinados hechos sin justificarnos y sin minimizar excesivamente, es decir, cómo nos afectan las cosas que nos ocurren.
Fernando Azor Lafarga
Director del centro |
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