“Entrenarse” desde pequeño en retrasar en algún grado la búsqueda del placer, ayudará a que este tipo de problemas no estén presentes en el futuro. La impulsividad se hace más controlable cuando mientras comemos somos conscientes de lo que nos llevamos a la boca. Comer despacio para saborear el alimento y para dar tiempo que la sensación de saciación llegue, es una buena manera de disfrutar de la comida y de paso frenar la impulsividad.
La anorexia nerviosa, por su parte, está cimentada en una personalidad exigente y controladora, normalmente asociada a la vergüenza o el miedo ante la evaluación de los demás, sin que esto deba significar que el ser exigente vaya a producir que aparezca este trastorno.
Educar partiendo de la aceptación incondicional del cuerpo, pudiendo mostrarlo sin ocultación, ayudará siempre a prevenir los trastornos alimentarios. Es necesario aprender a vivir con las imperfecciones dándoles importancia pero dentro de unos límites no destructivos para la persona. Para conseguirlo no debe quedar como una simple reflexión sino que hay que favorecer cotidianamente la exposición del cuerpo cuando las circunstancias lo requieran (vestuarios, playas, piscinas…). Además tener una dieta variada que incluya verduras, carnes, pescados, dulces, etcétera ayudará a no evitar los alimentos por el aporte calórico, al fin y al cabo un bombón no engorda… lo que engorda es comer gran cantidad de ellos.
Fernando Azor Lafarga
Director del centro |
Para ver más artículos pincha aquí |