Para que no se convierta en un problema aún mayor del ya vivido es necesario que la persona haga por afrontar situaciones relacionadas con el hecho traumático lo antes posible. La mejor forma es hacerlo gradualmente de menos a más. Si el hecho traumático fuese un accidente de coche en el que sentimos que íbamos a morir, la forma de afrontarlo podría ser la siguiente: primero sentarnos en un coche en el mismo lugar que ocupábamos en el accidente, en parado. Segundo, hacer lo mismo circulando alrededor del domicilio. Tercero, lo mismo pero alargando el recorrido por la zona. Cuarto, salir a la carretera en periodos no muy largos a velocidad moderada. Por último en la medida en que el sentimiento sea menos alarmante realizar largos recorridos. Obviamente cada situación requiere medidas específicas, no todos los accidentes ni todas las vivencias de ellos son iguales. La clave para superarlo es ir poco a poco permitiendo que la sensación de malestar baje al enfrentarnos sin forzarnos. No hacerlo puede hacer que comencemos a evitar hacer actividades que antes nos eran gratas: coger el coche para ir a jugar al tenis, salir con nuestros amigos… Cuando es por un periodo de tiempo breve, no tendrá demasiadas consecuencias, pero cuando se alargue, nuestro estado de ánimo será el primero en acusarlo.
Rara vez podremos predecir que determinados acontecimientos se den en nuestra vida. La capacidad que desarrollemos para hacerles frente es la que nos mantendrá a salvo. Una vez los hechos se imponen, somos nosotros quienes podemos minimizar su impacto en nuestra vida haciéndoles frente poco a poco. En los casos en los que familiares o amigos detecten cambios significativos en la persona tras alguna vivencia extrema, es bueno que intenten ayudar a enfrentarse, a no evitar. Si el bloqueo es muy fuerte, lo mejor será buscar la ayuda de un profesional.
Fernando Azor Lafarga
Director del centro |
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