Con todo esto no quiero decir que sea malo luchar por los objetivos de cada uno, simplemente hay que valorar el coste personal por la implicación excesiva. De hecho si conseguimos un equilibrio entre lo que nos exigimos y el precio anímico que pagamos, estaremos en mejores condiciones de conseguir los máximos resultados.
Llegados a este punto volvamos con el tema que nos ocupa, la resignación. Ser capaz de resignarse puede ser, llegado el momento, una de las habilidades psicológicas más saludables. Pongamos que una angustia que nos amenaza de manera constante es la estabilidad económica futura. Si aun intentando constantemente alcanzar garantías notamos que el malestar persiste (bien porque depende de objetivos a final de mes, bien porque es el mercado quien determina interés por un determinado producto, etc.), quizás la única manera de alcanzar una calma suficiente sea valorando que sólo tenemos un punto de influencia sobre nuestra economía, pero no el control absoluto. Es necesario que centremos entonces nuestros esfuerzos no en buscar soluciones donde ya no hay más, sino en convivir con la posibilidad de que lo que uno teme es posible. No es necesario llegar al punto contrario: convencerse de que todo va a ir mal. Basta con no buscar argumentos durante un rato por los que uno se tenga que convencer que lo que teme no pasará. Al fin y al cabo posible es. Quizás poco probable también, pero posible después de todo. En éste ejemplo, pensar durante un rato que si las cosas no salen bien el los próximos meses, a lo mejor hay que vender la casa, o alquilar una más barata, sería paradójicamente una manera angustiante pero realista. Ser capaz de convivir con esta posibilidad nos habilitará para poder afrontar mejor los retos que nos propongamos, y por tanto será más probable seguir manteniendo la estabilidad que hasta el momento se alcanzó. Aquí resignarse es psicológicamente saludable.
Para estar bien no siempre lo podemos conseguir con argumentos tranquilizadores, en ocasiones hay que pasarlo algo mal para luego estar realmente relajados. Sé que no es una tarea fácil la que propongo, pero creo que es un buen experimento demostrarse cada uno si lo que aquí se dice funciona o no. No se arrepentirá.
Fernando Azor Lafarga
Director del centro |
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