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TARTAMUDEZ

De forma genérica, entendemos por tartamudez cuando una persona tiene dificultades para hablar con fluidez, es decir, cuando tiene problemas para mantener un flujo suave y fácil.

Son muchos los aspectos que pueden estar relacionados con este problema. Pueden estar implicados factores fisiológicos como la tensión elevada de los músculos faciales (labios, maseteros, abductores de la laringe…), así como la tasa de inspiración: en muchos casos la persona tartamuda intenta hablar sin haber cogido suficiente aire en los pulmones.

También pueden estar relacionadas variables situacionales: evaluación de otras personas, estar sometido a gran tensión emocional, etcétera. Estos aspectos pueden determinar el aumento o la aparición de dificultades en la fluidez del habla.

Este problema puede analizarse como un continuo: tendríamos en un extremo la tartamudez severa, y en el otro la fluidez total. Entre medias podemos encontrar personas con distinta afectación y dificultad para expresarse normalmente.

Las dificultades suelen asociarse a cuatro tipos de errores: Primero, fonético: errores al pasar de una sílaba a otra, como las repeticiones de sonidos y sílabas, las prolongaciones de sonidos, particiones de palabra…. Segundo, gramatical: referido a la fluidez del paso de una palabra a otra o pueden aparecer bloqueos de inicio de palabras. Tercero, prosodia: se refiere a la entonación. Y cuarto, léxico-semántico: son errores producidos por la secuencia lógica de las ideas en el discurso, debido normalmente al uso inadecuado de las pausas.

Entre las variables cognitivas, podemos decir que una misma situación puede percibirse como incómoda o no, y será por tanto la percepción de la persona lo que producirá un estado emocional diferente. Serán estas variables las que se trabajarán en terapia, buscando entenderlas y controlarlas. Por ejemplo, ante determinada gente uno puede pensar que no va a ser capaz de expresar lo que siente, de explicar bien un determinado argumento. Será entonces cuando sea más difícil hablar con fluidez. Podemos empezar articulando una palabra y en mitad de ella querer haber dicho otra. Al ser así podemos frenarnos en mitad produciendo cada vez una mayor sensación de torpeza, de nerviosismo y haciendo que aumente la probabilidad de tartamudear. Por esta razón un tratamiento para este problema suele ser combinado. Se aúna el trabajo de un logopeda y un psicólogo. El primero se centra en la detección de las variables fisiológicas y de las áreas del lenguaje que se ven más afectadas, para posteriormente entrenar al paciente en habilidades para resolverlo. El segundo, se encargará de identificar las variables situacionales y de personalidad relacionadas con el problema, entrenando de igual forma a la persona en resolver sus dificultades y miedos.

Entre la población general los problemas para mantener la fluidez verbal suelen estar en función del contexto y las circunstancias emocionales. Son problemas que no entrañan mayor gravedad aun cuando dificulten la vida en algún grado; normalmente en cuanto la persona se siente respaldada y refuerza su autoestima tienden a disminuir, e incluso a desaparecer. En cualquier caso, de no ser así un apoyo psicoterapéutico breve suele ser suficiente para conseguirlo.

 

 

Fernando Azor Lafarga
Director del centro

 

 

 

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