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TRASTORNO
POR ESTRÉS POSTRAUMÁTICO Este
tipo de trastorno se produce como consecuencia de haber vivido, haber
sido testigo o incluso, en algunos casos, haber escuchado un acontecimiento
traumático o catastrófico caracterizado por muertes o amenazas para la
integridad física.
La persona responde con temor, desesperanza u horror intenso. Los recuerdos del acontecimiento tienden a revivirse por medio de imágenes y pensamientos bien en presencia de situaciones relacionadas o no. La
irritabilidad, el insomnio, la dificultad para concentrarse, el malestar
gástrico, la tensión muscular extrema, los dolores de cabeza, son sensaciones
comunes en individuos que padecen este problema.
Las
situaciones traumáticas suelen ser incendios, terremotos, bombardeos,
guerras en general, violaciones, atracos y accidentes de tráfico. Estadísticamente
la probabilidad de padecer este trastorno tras sufrir un acontecimiento
de estas características, ronda el 40 %, aunque dependerá especialmente
del grado de sufrimiento experimentado durante el hecho, es decir, no
es psicológicamente igual un accidente con muertos que sin muertos. Si
bien los dos pueden producir un trastorno por estrés postraumático, es
más probable en el primero. También es importante valorar el grado de
vulnerabilidad para cada persona: edad, sexo, traumas anteriores, apoyo
familiar y social...
En
el caso especial de las violaciones habría muchos más datos que aportar
y por esa razón reservaremos este espacio para extendernos en el próximo
número.
El
abordaje terapéutico va encaminado a eliminar o disminuir el efecto de
la huella dejada por el acontecimiento, utilizando el afrontamiento progresivo
y la reevaluación de lo acontecido: supongamos que nuestro cerebro es
una estantería con muchos libros y documentos. Un acontecimiento traumático,
lo que hará, será volcar la estantería mezclando toda la información.
El trabajo terapéutico deberá consistir en dotar nuevamente de sentido
a los datos mezclados y colocar en su sitio cada uno de ellos.
Estudios
realizados en Estados Unidos con personas que han sufrido este trastorno,
demostraron que simplemente escribiendo sobre el trauma, la activación
nerviosa cerebral disminuía, no siendo así en los que no realizaban esta
tarea.
La evolución de las personas afectadas es variable, yendo desde la remisión absoluta a la cronificación del problema. Debido al origen de este trastorno en muchas ocasiones las secuelas acaban teniendo implicaciones judiciales. Por ejemplo, a raíz de un accidente de tráfico pueden producirse miedo a subir de nuevo a un vehículo, a conducir, pesadillas, recuerdos insoportables, reducción del rendimiento laboral, cambios en el estado de ánimo e incluso cambios en la personalidad. La valoración de estas secuelas es cada vez más frecuente a la hora de reclamar daños.
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