Si bien los dos pueden producir un trastorno por estrés postraumático, es más probable en el primero. También es importante valorar el grado de vulnerabilidad para cada persona: edad, sexo, traumas anteriores, apoyo familiar y social...
En el caso especial de las violaciones habría muchos más datos que aportar y por esa razón reservaremos este espacio para extendernos en el próximo número.
El abordaje terapéutico va encaminado a eliminar o disminuir el efecto de la huella dejada por el acontecimiento, utilizando el afrontamiento progresivo y la reevaluación de lo acontecido: supongamos que nuestro cerebro es una estantería con muchos libros y documentos. Un acontecimiento traumático, lo que hará, será volcar la estantería mezclando toda la información. El trabajo terapéutico deberá consistir en dotar nuevamente de sentido a los datos mezclados y colocar en su sitio cada uno de ellos.
Estudios realizados en Estados Unidos con personas que han sufrido este trastorno, demostraron que simplemente escribiendo sobre el trauma, la activación nerviosa cerebral disminuía, no siendo así en los que no realizaban esta tarea.
La evolución de las personas afectadas es variable, yendo desde la remisión absoluta a la cronificación del problema. Debido al origen de este trastorno en muchas ocasiones las secuelas acaban teniendo implicaciones judiciales. Por ejemplo, a raíz de un accidente de tráfico pueden producirse miedo a subir de nuevo a un vehículo, a conducir, pesadillas, recuerdos insoportables, reducción del rendimiento laboral, cambios en el estado de ánimo e incluso cambios en la personalidad. La valoración de estas secuelas es cada vez más frecuente a la hora de reclamar daños.
Fernando Azor Lafarga
Director del centro |
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