El sueño es uno de los comportamientos humanos más sensible a los cambios, al estrés, a la angustia, a la tristeza, etc. Es difícil dormirse cuando tenemos las mismas preocupaciones en la cama que en la oficina. Evidentemente el nerviosismo no induce a un sueño placentero.
El insomnio es quizás el trastorno más conocido y probablemente el más frecuente. Por él se entiende: dificultad seria para conciliar el sueño, despertar frecuente a lo largo de la noche y despertar precoz. Además la sensación de haber descansado desaparece. Una manifestación común de este trastorno se produce en personas preocupadas por el número de horas que pueden dormir. Cuanto más tarde es, antes quieren dormirse, y en consecuencia, más nerviosas se ponen. Dificultan la relajación e imposibilitan la conciliación del sueño. A estas personas les daría mucho mejor resultado ver la televisión, leer un libro o realizar cualquier tarea que le distraiga de la angustiante tarea de quedarse dormido.
Otros trastornos del sueño son los terrores nocturnos y las pesadillas. Los terrores son episodios caracterizados por llanto brusco e inesperado del niño, que se acompaña de una expresión del miedo intenso en la cara y sudor frío. Normalmente el niño no recuerda haber soñado nada. Las pesadillas son sueños intensos y angustiosos. Son casi siempre largos y se van complicando cada vez más hasta que el individuo despierta. Su presencia en adultos esta relacionado con elevado estrés psicosocial.
Los cambios del huso horario al trasladarnos a otros países puede producir un desacompasamiento entre el sistema horario interno y el externo. Una “mala higiene del sueño” puede ser la responsable también de dificultades o trastornos. Buenos consejos para mejorar la calidad de nuestro sueño pueden ser los siguientes:
1.- No beber alcohol por lo menos dos horas antes de irse a la cama. Si bebe es posible que duerma, pero probablemente éste sueño no sea reparador.
2.- No consumir cafeína por lo menos 6 horas antes de ir a la cama.
3.- No fumar durante varias horas antes de irse a la cama. La nicotina es un estimulante.
4.- Hacer ejercicio de forma regular; evitar hacer ejercicio excesivo varias horas antes de acostarse: provoca activación fisiológica.
5.- Intentar tener una temperatura ambiente no superior a los 23 grados.
6.- No comer grandes cantidades de chocolate o de azúcar y evitar tomar líquidos en exceso, antes de irse a la cama.
Como regla general: no usar la cama para actividades diferentes a dormir (excepto actividad sexual): no leer, no ver la televisión... Hacerlo así favorece que el hábito de ir a la cama y apagar las luces sea sinónimo de dormirse enseguida.
La medicación ha sido hasta hace poco la única posibilidad para tratar los problemas relacionados con el sueño, actualmente el tratamiento psicológico solo o combinado con fármacos está dando excelente resultados.
Fernando Azor Lafarga
Director del centro |
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